miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Cumulo Nimbus"

A veces visualizo a la angustia como una nube.
A veces identifico que se aproxima con tal intensidad que no logro encauzar la mirada de tanto que avanza hacia mí. Es tan inmensa, y a veces tan imperceptible. Se escurre en mi como en el cielo de cualquier mundo. A veces se torna expansiva, severa, y en otras ocasiones, mas bien, efímera. Si, esa es la palabra: efímera. Se deshace en su avance impune. No hay manera de tomarla de forma material, sino por el contrario, se abusa de su inmensidad y toma terrenos inimaginables. Una nube. Pensar que una nube me invade desde que tengo razón. O quizás nunca la tuve, a la razón digo. Pero cuando ella se aproxima, no logro escapar, y me encierro solo a percibirla, a transitarla, quizás hasta que se deshaga sin más infortunio y me deje. Esa nube, esa ingrata y atrevida nube: ¿Quien cree ser como para dejarme en estado de vigilia tantas lunas?
Intento despojarme y arremeto con seguridad hacia ella. Me resulta utópico. Ya mi cuerpo se ha transformado en materia amorfa que arrastro con peso intolerable. Pues es entonces, que compruebo que ESA nube ya es ocupa de mis universos mas íntimos.
“-Si tan solo es una nube...” me decía internamente. No. Ella es más que eso. Ella es todo aquello que yo deseo INCONSCIENTEMENTE que sea, y al parecer, ese deseo me da miedo, por eso me angustio, me entristezco. Porque soy yo esa nube. Soy yo enfrentada a lo que no quiero reconocer tal vez. A lo que no aprendo. A lo que me ciego. A lo que ensordezco. Si. YO. Una nube. Una masa de gases que se asfixia por no poder, o más bien por no querer.
Hoy me desperté ahogada, con olor a tierra mojada, con mis oídos aturdidos por el tronar nocturno. Decidí levantarme, abrí la persiana, y en ese instante confirmé lo que sospechaba: El sol emanaba su luz clara y multicolor. El cielo estaba celeste sin presencia de algún cumulo. Ya no había nubes, ya no había ni UNA NUBE. Anoche algo había sucedido. Y en mi cuerpo algo seguía resonando. Tomé el coraje y caminé lentamente hacia el baño. Me detuve frente al espejo:


Ya no estaba yo, sino, una NUBE.